Superdotado. Altas capacidades. TDA. Disperso. Se te dan bien las mates. Se te da mal la historia. Aprendes rápido. Te aburres en clase. Te dispersas. Te riñen. Sacas buenas notas sin estudiar. Sacas malas notas por no estudiar. Te acostumbras a improvisar, a saltar del avión en el último segundo. Te pones a prueba buscando los límites de las personas.

Eres malo en deportes, te ahogas, no coordinas, y por ello no eres de los más populares. Sigues siendo bueno en mates. Entiendes algunas cosas más rápido que los demás, y las que no entiendes tan rápido no te gustan así que no les prestas atención. Te acostumbras a las cosas fáciles, a no esforzarte. Si apruebas mates sin estudiar te sientes bien… pero tienes miedo a estudiar historia y suspender porque eso sería fracasar, así que mejor no estudiar. Eso sería fracasar.

Estudiar y suspender es fracasar Clic para tuitear

Entre tus amigos los deportes ya no son tan importantes. Ahora somos sociales: hablamos, bromeamos, nos reímos unos de otros. Ahí las cosas cambian, porque esto si que se te da bien. Llega la pubertad y es un buen momento para reposicionarse. Dejar de ser el marginado. Reírse de los que se reían de tí. Ver como te miran con otros ojos. Salir. Ligar.

Pero eso no te hace encajar. No encajas pero tampoco te importa. No esperas encontrar alguien cómo tú. No porque seas especial o diferente. Pero te gusta tener tu espacio, al igual que te gusta andar a ratos con la manada. Te sientes bien en grupo pero siendo tú. Por primera vez ves que los demás ven en tí lo que tu ya veías.

Llegas a la universidad. Nadie de controla. Apruebas. Avanzas. Pero por dentro no todo va bien. Le das vueltas a todo. Piensas demasiado. Lo evalúas y lo reevalúas todo. Piensas mal de todo el mundo, piensas que todo el mundo piensa mal. Te miras tanto los pies al andar que no tienes tiempo de mirar hacia adelante. No se puede estar siempre replanteandoselo todo. Necesitas apagar el cerebro. Necesitas algo que no te haga pensar, y no siempre ese algo es bueno. Haces cosas de las que te arrepientes. Haces daño a la gente que te quiere.

INTERVENCIÓN

Nada mejor que una intervención para cambiar de rumbo. Nada mejor que venga la gente que te quiere y te haga parar, pensar, reflexionar. Que te hagan ver que no estás por encima del bien y del mal. Que te pongan frente a un espejo para ver tus debilidades. Que veas que has tocado fondo, pero que estás a tiempo de sacar la cabeza.

Te reencaminas. Te esfuerzas. Te enfrentas al miedo al fracaso. Fracasar no es tan malo. Te arriesgas. Te sale bien, a veces. Pero es gratificante. Te centras en lo importante y dejas lo malo a un lado, aunque siempre te perseguirá.

Ser superdotado es ser bueno en mates. Ser superdotado no es un regalo. No mola tanto como te piensas. No tienes una vida más fácil. Porque ser superdotado no es ser Superman, que es bueno en todo. Ser superdotado es que tienes mucha facilidad y velocidad en alguna cosa (en mi caso, la inteligencia lógico-matemática) pero esto te puede frenar en todas las demás. Tenerlo fácil en una faceta de tu vida hace que no te esfuerzes en desarrollar las demás. Siempre tienes una escapatoria, un salvavidas, un as en la manga.

Como niño, no entiendes porque unas cosas se te dan tan bien y otras no. Como adolescente te aprovechas de las facilidades que tienes, pero no te van a servir siempre. Como adulto debes ser capaz de asumir todo lo que te ha pasado hasta llegar dónde estás. Como hijo te das cuenta de lo que hicieron tus padres por tí. De que todo lo que hicieron era por tu bien.

Y como padre te preguntas: ¿Sabré hacerlo yo bien con mis hijos?

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