Fracaso: Falta de éxito o resultado adverso.

Sin tapujos, sin medias verdades, sin “pero aprendí mucho”. Mi proyecto emprendedor fue un fracaso.

Fracaso porque no conseguí llevarlo dónde esperaba. Pivoté y pivoté, como si fuera Hakeem Olajuwon en uno de sus famosos movimientos de “El Bailarín de Claqué del Cotton Club”. Pero de tanto pivotar quizás acabé mareado, sin saber hacia dónde ir. No tener claros los pasos a seguir para el proyecto fue mi primer error.

Fracaso por no conseguir involucrar a todos en una misma dirección. No supe liderar, no tomé las riendas, no quise tomar decisiones drásticas pero necesarias al inicio y luego lo pagué. Algunos me siguieron, y les estaré eternamente agradecidos, pero no supe hacer lo mismo con los demás.

Fracaso porque no lo ví venir. Perdí mucho tiempo pensando que tenia sentido, cuando era evidente que ya no lo tenía. Dejarlo varios meses antes hubiera sido lo lógico, viendo que no arrancaba como esperaba y que seguramente yo no era la persona ideal para liderarlo.

 

Fracaso por dejarlo rápido, sin barrer el suelo antes de cerrar la puerta. A veces cortar por lo sano es lo mejor, pero hay que hacerlo bien, y yo no supe hacerlo. Tuve prisa en irme y dejarlo, porque vi claro que era tarde y que debería haberlo hecho antes.

Fracaso por perder una gran oportunidad. Una oportunidad de crear lo que creía que tenia sentido, de convertir una idea en realidad. De demostrar que pasar de la idea a la acción es posible.

Vuelve a intentar

Shoot Again

Fracaso por haber perdido las ganas de emprender. No es para mí, al menos ahora. No tengo ganas, no quiero volver a intentarlo. Ser emprendedor no es sexy, no mola, no tiene glamour. No el que te venden antes de serlo.

Han salido cosas muy buenas de estos fracasos, pero las dejaremos para otro día.