No entiendo porque existe la palabra feminismo. En serio. Es una palabra creada por necesidad de rizar el rizo. Para destacar algo que no debería destacar. Si es que en el fondo la chocho tiene razón. Vaya ganas de hacer extrem-ismos como el feminismo.

Os pondré un ejemplo: racismo. Todos sabemos lo que es el racismo. Que odies a los negros es racismo. Que mires mal a los gitanos es racismo. Que cuando entra una mora en el metro con una maleta, pienses inevitablemente en que lleva una bomba es racismo. Que agarres más fuerte el bolso al subir unas rumanas al autobús…  lo adivinas: es racismo.

Otro ejemplo: homofobia. Los que odian, repudian o discriminan a alguien por su tendencia sexual. Los que usan maricón como palabra despectiva. Los que ven a una mujer empoderada y dicen “será bollera”. Los que ven a dos mujeres de la mano y piensan “a estas lo que les hace falta es un buen rabo”. Todo esto es homofobia.

Machismo, racismo y homofobia tienen muchas cosas en común.

Son enfermedades sociales causadas por desgraciados débiles cortos de mente unos pero que padecen otros. Es decir: el machismo lo sufren las mujeres, pero no es un problema de las mujeres.

Pero tienen una gran diferencia. Y es que no ser racista es lo normal. No ser racista es lo normal. Pero no ser machista no es lo normal, porque no ser machista es ser feminista. Porque se usa feminismo como definición de una excepción cuando no debería ser una excepción. No debería existir esta palabra, porque ser feminista es lo normal.

Peeeeeero es que no es lo normal. No todo el mundo lo entiende. No todos ven que ser machista sea malo, sea raro y haga daño. Lo tenemos tan metido en los huesos y en las entrañas que seguimos encontrando normal que las mujeres cobren menos, se cuiden de la casa, deban detener su carrera laboral cuando van a ser madres, deben cogerse ellas la jornada reducida, deben cuidar de los niños, de los maridos, de los padres… todo esto es lo normal. Es por eso que se crea la palabra feminismo: para visibilizar que lo que debería ser normal, lo que todos (menos los tarados) deberíamos pensar, pues resulta que no lo es.