Sonríe más.

Sonríele a la vida. Sonríele a tus hijos, a tu pareja, a tu familia. A tus amigos, conocidos y saludados. A tus compañeros de trabajo y a tus vecinos. Al panadero, al conductor del autobús, a la profe de la guarde, al señor que siempre espera el autobús a la misma hora que tú, al dependiente de la tienda del barrio que siempre le regala un caramelo a tu hijo. A los desconocidos que te cruzas por la calle, a los que dejas pasar en el autobús, a los que se te ponen al lado para cruzar un paso de cebra.

Sonríe!

Sonríe!

Sonríele a la tristeza. Sonríele a los malos momentos, a las decepciones, a los fracasos. A las personas amargadas, aburridas y pesimistas que te rodean. A las enfermedades, a los miedos, a los palos que da la vida. A la monotonía que nos lleva a alojarnos en una triste zona de confort, al cansancio que nos quita las fuerzas para hacer lo que queremos, a la costumbre que hace que no digamos lo que pensamos porque “ya lo sabes”.

Sonríe más.