Palabra de Pau

Padre de dos. Bloguero. Podcastero. Tuitero.

Papá, viajas mucho #mesPADRE

Papá, viajas mucho“.

Nunca 3 palabras me habían dolido tanto, ni me habían hecho pensar tanto.

Porque viajar es apasionante y muy enriquecedor. Salir de tu zona de confort siempre te lleva al aprendizaje… y no me refiero a la típica imagen de Linkedin a la que le dedicas 8 segundos y luego sigues sentado en tu cómoda silla de tu confortable oficina,  sino a salir de tu zona de confort físicamente.

 

Explicacion zona de confort

Sal de tu zona de confort

Ir a sitios en los que no has estado y ver otras maneras de vivir, otras formas de ser. Ser consciente de la diversidad que hay alrededor nuestro y poder exprimir la riqueza que eso representa para nosotros.

Y hacerlo por trabajo es doblemente enriquecedor para mí porque:

  • sales de tu oficina, de tu cubículo, de tus relaciones profesionales habituales
  • conoces en persona (y besas, abrazas, tocas) a quienes hasta la fecha eran sólo un email, un skype o un perfil de redes sociales
  • aprendes otra manera de trabajar y de enfocar la vida profesional (from 9 to 5 and then home, seres productivos que no están por estar en la oficina, seres profesionales que no mezclan las emociones con su vida laboral).

Si la diversidad en la vida personal es importante, aún lo es más en el mundo profesional, y no hay mejor manera de aprovechar la diversidad que viajar. Además estos viajes vienen causados, en mi caso, por haber aceptado un nuevo reto profesional con más responsabilidad, por lo que al vértigo que genera salir de mi zona de confort se le suma el vértigo de las nuevas responsabilidades.

Pero también tiene una parte mala.

Viajar es muy muy cansado y estresante. Pasarte de Lunes a Jueves fuera, volver con Jet Lag, con la maleta llena de ropa sucia y con la bandeja de entrada llena de correos por responder. Además estás lejos de los tuyos y los echas mucho de menos.

Y esa parte no es justa, sobretodo para los demás. Para los peques porque te echan de menos y no entienden que no estés en casa cuando se levantan, cuando llegan del cole o cuando quieren hacer una pizza de plastelina. Para tu pareja, porque le toca hacer sola lo que normalmente hacéis entre los dos. Y para el resto de familia, que suelen echar una mano extra durante esos días. Y para tí, porque por mucho que te autojustifiques pensando “cuando esté en casa pasaré más tiempo con ellos y será tiempo de calidad” sabes que sólo lo piensas para excusarte, porque el tiempo de calidad no existe señores.

Y es cuando te invade un sentimiento de culpabilidad por partida doble.

Sentimiento de culpabilidad por no estar, por no pasar el tiempo que deberías dónde deberías. Por ser el culpable de todo lo malo que pasa mientras estás fuera. Por no asistir a todas las reuniones de trabajo a las que deberías o querrías. Porque la conciliación es como los reyes magos: sería bonito que existiera.

Culpable por descubrirte dudando en múltiplas ocasiones. Dudando sobre si la semana que viene tienes que irte a Tombuctú para una reunión de 4 horas o mejor te quedas en casa y te conectas por videollamada. Porque sabes que si no estás allí no la aprovecharás al 100%, pero estar 3 días fuera de casa por 4 horas de trabajo te parece un poco demasiado.

Y además piensas mucho. Mis hijos son lo más importante para mí desde hace mucho tiempo, y han sido lo único importante desde que nacieron. Pero desde hace poco, yo vuelvo a ser importante.

Esta entrada forma parte del carrousel #mesPadre de Papás Blogueros

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2 Comentarios

  1. La maldita culpa… Esa que a veces te hace dormir peor que los dolores de espalda. 🙁

  2. Hagas lo que hagas ponte bragas, lo estarás haciendo lo mejor que puedes, pensarás que lo estás haciendo como el ojo de atrás, y hagas lo que hagas, hay decisiones duras y complejas.

    Como siempre, la clave en el equilibrio, y la culpa fuera.

    Un abrazo grande, para los días en los que no haces todo lo que podrías por tu trabajo, y para los que estás más lejos de la familia de lo que te gustaría.

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