Palabra de Pau

Padre de dos. Bloguero. Podcastero. Tuitero.

Autor: Pau Almuni (Página 1 de 14)

Los cuentos que (no) le leo a mi hija (ni a mi hijo)

Hay mucho tonto suelto en las redes sociales.

Esto es una evidencia. Mucho iluminado que sólo lee los titulares y los usa para darle rienda suelta al demagógo que llevan dentro.

No soy yo quien vaya a encontrar las causas ni las soluciones – «Not my monkey, not my circus«. La mayor parte del tiempo no me entero o me parece divertido. Pero hay algunos temas que me tocan de cerca y que hacen que se me alteren los chakras. Uno de ellos es el revuelo con esta notícia: «Vetada ‘La Caperucita Roja’ por sexista». El ruido que esta noticia está causando en las redes se centra en criticar la censura de libros tildandolo de «la nueva inquisición» y de quema de libros. Leeros la noticia hasta el final y pensad un poco, por favor.

nube de palabras dónde destacan las palabras roja, caperucita, censura, barcelona

Esto no va de quema de libros.

Esto no va de libertad cultural ni de libertad de expresión. Esto va de educación, de libertad, de feminismo. Esto va de nuestras hijas y nuestros hijos. Esto va de poner a su alcance cuentos con roles constructivos e igualitarios en lugar de cuentos que perpetúen los estereotipos de «niña princesa, débil y guapa que necesita ser salvada del mal por un hombre fuerte y valiente«. Estos cuentos pertenecen a otra época; a una época en la que los cuentos servían para advertir de peligros y de realidades de esa época, una época en la que el sistema educativo y familiar era totalmente diferente. Algunos ejemplos:

  • Caperucita Roja: Obedece a tu madre y no hagas caso de los extraños
  • La Bella Durmiente: No te fíes de quien te ofrece regalos sin más
  • Los Tres Cerditos: No elijas el camino fácil o el lobo se te comerá

Por suerte, hemos evolucionado como sociedad. Tenemos otros problemas y otras necesidades. Las niñas de 5 años se creen inferiores a los niños y creen que tienen menos posibilidades por el mero hecho de ser niñas. Evidentemente, los padres tenemos un rol importante en evitar que esto ocurra. Podemos reforzar a nuestras hijas (y a nuestros hijos) para romper los estereotipos de género (el rosa no es de niñas, las muñecas no son de niñas, los niños pueden jugar con muñecas o con cocinas) pero con eso no basta. Y esto nos tiene que preocupar a todos los padres, no sólo a los que tenemos hijas; aunque reconozco que mi preocupación empezó con mi hija pequeña.

Antes de tener a mi hija, cuando iba con mi hijo y nos encontrábamos con conocidos siempre le decían frases tipo «que grande que estás», «que fuerte que estás» o «parece muy travieso». En cambio, con mi hija siempre era la misma frase: «Que guapa eres!». Cuando me dí cuenta, empecé a añadir siempre el latiguillo «y fuerte y valiente»; y no lo hacía sólo para que los «halagadores» se dieran cuenta de lo machista del comentario, sino que lo hacía sobretodo porque quería que ella oyera que podía ser fuerte y valiente a la vez que guapa. Y esta frase se ha convertido en uno de los lemas de nuestra familia:

¿Como son las chicas? ¡Fuertes, valientes y guapas! Clic para tuitear

 

Así que a mi me parece genial que una escuela decida eliminar estos cuentos de su catálogo. Lo aplaudo. Aplaudo que una escuela garantice que los niños pequeños que asisten a ella no tienen a su alcance cuentos que perpetúen estos roles de género machistas. Al igual que tampoco tienen acceso a material pornográfico, violento etc… Las niñas pequeñas no son capaces de interpretar que esos cuentos, esas historias, son una manera de explicar conceptos a través de historias. Ellas (y ellos) ven a niñas siendo débiles, frágiles y que no saben defenderse por sí mismas. A niñas que se supeditan a lo que los hombres puedan hacer por ellas.

Y yo me niego a que mi hija se crea inferior a los niños de su edad. Y me niego a que mi hijo se crea superior a las niñas de su edad.

Porque en la vida real, Caperucita se puede comer al Lobo. Sólo tiene que creer que es posible.

Papá, viajas mucho #mesPADRE

«Papá, viajas mucho«.

Nunca 3 palabras me habían dolido tanto, ni me habían hecho pensar tanto.

Porque viajar es apasionante y muy enriquecedor. Salir de tu zona de confort siempre te lleva al aprendizaje… y no me refiero a la típica imagen de Linkedin a la que le dedicas 8 segundos y luego sigues sentado en tu cómoda silla de tu confortable oficina,  sino a salir de tu zona de confort físicamente.

 

Explicacion zona de confort

Sal de tu zona de confort

Ir a sitios en los que no has estado y ver otras maneras de vivir, otras formas de ser. Ser consciente de la diversidad que hay alrededor nuestro y poder exprimir la riqueza que eso representa para nosotros.

Y hacerlo por trabajo es doblemente enriquecedor para mí porque:

  • sales de tu oficina, de tu cubículo, de tus relaciones profesionales habituales
  • conoces en persona (y besas, abrazas, tocas) a quienes hasta la fecha eran sólo un email, un skype o un perfil de redes sociales
  • aprendes otra manera de trabajar y de enfocar la vida profesional (from 9 to 5 and then home, seres productivos que no están por estar en la oficina, seres profesionales que no mezclan las emociones con su vida laboral).

Si la diversidad en la vida personal es importante, aún lo es más en el mundo profesional, y no hay mejor manera de aprovechar la diversidad que viajar. Además estos viajes vienen causados, en mi caso, por haber aceptado un nuevo reto profesional con más responsabilidad, por lo que al vértigo que genera salir de mi zona de confort se le suma el vértigo de las nuevas responsabilidades.

Pero también tiene una parte mala.

Viajar es muy muy cansado y estresante. Pasarte de Lunes a Jueves fuera, volver con Jet Lag, con la maleta llena de ropa sucia y con la bandeja de entrada llena de correos por responder. Además estás lejos de los tuyos y los echas mucho de menos.

Y esa parte no es justa, sobretodo para los demás. Para los peques porque te echan de menos y no entienden que no estés en casa cuando se levantan, cuando llegan del cole o cuando quieren hacer una pizza de plastelina. Para tu pareja, porque le toca hacer sola lo que normalmente hacéis entre los dos. Y para el resto de familia, que suelen echar una mano extra durante esos días. Y para tí, porque por mucho que te autojustifiques pensando «cuando esté en casa pasaré más tiempo con ellos y será tiempo de calidad» sabes que sólo lo piensas para excusarte, porque el tiempo de calidad no existe señores.

Y es cuando te invade un sentimiento de culpabilidad por partida doble.

Sentimiento de culpabilidad por no estar, por no pasar el tiempo que deberías dónde deberías. Por ser el culpable de todo lo malo que pasa mientras estás fuera. Por no asistir a todas las reuniones de trabajo a las que deberías o querrías. Porque la conciliación es como los reyes magos: sería bonito que existiera.

Culpable por descubrirte dudando en múltiplas ocasiones. Dudando sobre si la semana que viene tienes que irte a Tombuctú para una reunión de 4 horas o mejor te quedas en casa y te conectas por videollamada. Porque sabes que si no estás allí no la aprovecharás al 100%, pero estar 3 días fuera de casa por 4 horas de trabajo te parece un poco demasiado.

Y además piensas mucho. Mis hijos son lo más importante para mí desde hace mucho tiempo, y han sido lo único importante desde que nacieron. Pero desde hace poco, yo vuelvo a ser importante.

Esta entrada forma parte del carrousel #mesPadre de Papás Blogueros

¿Repartimos de nuevo?

Te dan una. Te dan otra. Te dan la tercera. Llega la cuarta y después la quinta. Las miras, las analizas y calculas tus probabilidades. Y llega la pregunta:

¿Repartimos de nuevo?

Una vez oí una anécdota en la que un entrenador de básquet se quejaba a un compañero sobre los jugadores de su equipo esa temporada. Que si no eran suficientemente altos, fuertes o rápidos. Su compañero se lo miró y le dijo:
«Pues son los mejores jugadores que vas a tener en tu equipo esta temporada»

Yo miro las cartas que me han tocado y me siento afortunado; de hecho sé que soy un privilegiado.
Soy Blanco. Sólo esto me pone en un punto de partida mejor que muchos otros seres humanos. No es justo pero es así.
Soy Hombre. No seré juzgado por mi manera de vivir la sexualidad, se aceptará que sea agresivo, que tenga aspiraciones profesionales y que no cuide a los demás.
Soy Heterosexual. Podría querer a quien quisiera a cualquier país del mundo. Podría tener hijos en cualquier país del mundo. Podría casarme en cualquier país del mundo. No es ilegal ser quien soy en ningún país del mundo.
Soy Europeo. Vivo en un estado de derecho, con democracia y con ciertos derechos de nacimiento. Tengo sanidad gratuita. Vivo en (una especie) de meritocracia. 
Soy de clase media. Mis dos padres trabajaban, y me permitieron estudiar la carrera que quise y me han apoyado (emocionalmente y económicamente) siempre que lo he necesitado.
Soy normotípico. No tengo ningún trastorno ni ninguna discapacidad que haga que me discriminen por haber nacido como he nacido.

Uno no elige las cartas que le tocan en esta vida. No puedes elegir tu color, tu género, tu preferencia sexual, tu nacionalidad, tu entorno social ni tus condiciones de nacimiento. Lo que si que podemos es elegir como las jugamos y como las vivimos.

Uno no elige las cartas que le tocan en esta vida Clic para tuitear

A mí me han tocado unas cartas buenas, muy buenas. Intento recordármelo cada día, cuando me pasa algo malo que me hace estar mal. Intento hacer un viaje astral y mirarme desde lejos y pensar «este tío… realmente está tan mal o es sólo una chorrada». Y está claro que cada uno dimensiona los problemas en función de su realidad. Pero es bueno descontextualizar y analizar el todo.

Y tú, ¿estás contento con tus cartas o repartimos de nuevo?

Por si quieres leer más pensamientos raros:

Felices los 4

Se hace de noche. De noche es cuando los pensamientos se vuelven turbios, cuando el inconsciente nos asalta, cuando aparece nuestro verdadero yo. Tú intentas ser independiente, ser libre y no pensar en mí. Yo también lo intento, lo confieso, pero tampoco lo consigo. Yo la tengo a ella y tú le tienes a él. Las noches son raras, porque nuestros cuerpos duermen con otros pero nuestras mentes nos siguen conectando.

Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias.

El amor no se manifiesta con el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino con el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer)

Milan Kundera en «La insoportable levedad del ser»

Tomás es un intelectual liberal. Va saltando de cama en cama y tiene varias amantes. Tiene amantes «permanentes», con las que se ve de vez en cuando y disfrutan del arte, la cultura y la gastronomía (y por supuesto del sexo). Y tiene amantes fugaces, con las que pasa periodos cortos pero intensos. Sólo tiene una regla: nunca duerme con ellas, porque dormir con alguien es algo demasiado íntimo. Pero un día conoce a Teresa y ocurre algo fascinante: es la primera mujer con la que Tomás duerme (en el sentido literal)… y además sin haber tenido sexo antes! Pero no os preocupéis por Tomás, que su virilidad y hombría siguen intactos a pesar de esto.

De sobras sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera.

Y sin embargo, un rato, cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera

Sabina en «Y sin embargo»

Porque cuando llega la noche, yo duermo con ella pero mi mente está contigo. Y sé que tu mente también está conmigo, aunque estés con él. Y también, por una maravilla del destino, sus mentes se conectan a la vez que lo hacen las nuestras. Porque por mucho que durmamos separados, nosotros aquí y vosotros ahí, nuestras mentes no lo están.

Y si con otro pasas el rato, vamos a ser felices.

Vamos a ser felices.

Felices los cuatro.

Y agrandamos el cuarto.

Maluma. Padrazo Colechador.

Y por eso por las noches, cuando ya ellos duermen, tu y yo nos buscamos.
Y por eso por las noches, cuando nosotros dormirmos, ellos se buscan. Y por eso, casi siempre, acabamos acostándonos juntos los 4.

Felices los 4.

No soy yo, eres tú

Cuando te enfadas conmigo porque no me pongo a jugar contigo a construirles casas a los superhéroes y en lugar de eso me pongo a ordenar la cocina.
Cuando tú quieres bajar al parque a tirarnos por el tobogán y yo te digo que mejor te pongo los PJ Masks en el ipad para poder pegarme una ducha.
Cuando te quedas triste porque te dejamos con tus tíos para irnos nosotros dos solos a cenar.
Cuando me pides que llamemos a tus amigos para quedar con ellos pero en lugar de eso te mando con los abuelos a pasar el día para yo poder hacer cosas de la casa.
Cuando te dejo en la clase de P3 más temprano de lo que toca para llegar a tiempo a esa reunión de trabajo pero tu te enfadas y te quedas llorando.

Cuando me miras con cara de «Papá, eres un egoísta» por no prestarte atención cuando tu la necesitas. Lo siento pero necesito tiempo para mí.

Necesito tiempo para mí.
Necesito tiempo para ordenar la cocina, poner una lavadora, fregar los platos y planchar.
Necesito tiempo para ducharme, para afeitarme y para cuidarme.
Necesito tiempo para estar a solas con el otro amor de mi vida, tu madre.
Necesito tiempo para trabajar; no es sólo por ganar dinero, sino porque también me llena mi vida profesional.

Hacer todo esto es importante, muy importante, aunque sé que tu no lo entiendes.  A veces yo tampoco. Y tampoco espero que lo entiendas nunca, porque qué cojones, eres un niño y esto son cosas de mayores. Pero espero que veas, sientas y sepas que eso no es lo más importante.

Que lo más importante no soy yo, eres tú. Clic para tuitear

Leer más sobre conciliación:

Papi, en el cole se ríen de mí y me llaman niña #MicroBullying

No me esperaba que este momento llegase. Almenos tan pronto, teniendo él sólo 4 años. Sabia que algún dia llegaría, pero me lo imaginaba lejano: teniendo él 8 o 9 años, o incluso en la adolescencia; es el que conocemos de las pelis o de las series. Normalmente intentamos prepararnos para estas situaciones y estar alineados en como lo gestionaremos como pareja, para no dejarnos llevar por reacciones viscerales.

Os pongo en situación: Esta semana mi hijo ha empezado el «casal» de verano. En lugar de ir al de su escuela, en Barcelona, va al del «club de tenis» del pueblo donde vivimos desde Enero. Pensamos que sería una buena manera de hacer amigos nuevos y de conocer a niños y niñas de su edad (4 años y medio). Pensamos que lo pasaría mejor haciendo deporte, corriendo, bañandose en una piscina que yendo un mes mas a su escuela con el calorazo que hace en Julio.

El Lunes fue medio convencido. Le costó quedarse porque no conocía a nadie, pero se quedó. Cuando lo recogimos nos dijo medio sin ganas que se lo había pasado bien pero que no quería volver. Martes un poco peor. Miércoles no se quería quedar ni de coña, pero no teníamos alternativa (maldita conciliación). Y ayer Jueves fué mucho peor.

Por la tarde, ya en casa, tocaba cortarse las uñas. Y para cortarlas tocaba quitarse la pintura de uñas, que llevaba desde hacía 3 semanas. No era la primera vez que se las pintaba imitando a su madre. Y en el cole las había llevado varias veces, y otros niños de su clase también. Estábamos acabando de cenar. Les dijimos que tocaba cortarse las uñas para «prepararles» para que después de cenar no les pillara desprevenidos.

Y ahí nos soltó la frase que nos dejó helados:

Los niños se ríen de mí y dicen que soy una niña por llevarlas pintadas. Quiero quitarme la pintura y no volver a pintarlas nunca más.

MALDITOS NIÑOS. MALDITOS PADRES DE ESOS NIÑOS. MALDITOS TROGLODITAS. MALDITOS ACOSADORES.

Estaba preparado para la «batalla» de las uñas, porque siempre es una batalla. Estaba preparado para el «no quiero cortármelas», los gritos, las patadas, la rabieta que siempre acompaña ese momento.

Pero no para esa frase.

¿Como se responde a esta frase? ¿Que le dices? ¿Que haces?

Esta es la lista de respuestas/acciones/reacciones que se nos pasaron por la cabeza, y algunas de las que hicimos (pero no me atrevo a reconocerlas):

  • «No les hagas caso a estos niños porque son idiotas«
  • «Pues quitamos la pintura ahora mismo y así no se ríen más de tí»
  • «No te tiene que importar lo que digan de tí los demás, porque nosotros te queremos por encima de todo eso»
  • «Respóndeles: tócame los cojones y verás como soy un niño»
  • «Siempre que te pase algo así tienes que contarnoslo enseguida»
  • Contrato a un niño mayor para protegerlo: las chuches van baratas
  • Bajemos al jardín, cortemos unas ramas y las afilamos. Las clavamos en el suelo, en la entrada de casa. Mañana vengo contigo, arranco cabezas de niños y las clavamos en las estacas. Ya verás como nadie más se mete contigo
  • Llamo al resto de padres del casal uno a uno para decirles que sus hijos han hecho eso
  • No vuelvo a llevar a mi hijo nunca más ahí, y me cambio de pueblo
  • Le pongo un cuchillo en la mochila
  • Hablo con los monitores del casal y les canto las cuarenta por no haberse dado cuenta
  • Le digo a mi hijo que eso son tonterías de niños y que no le haga caso
  • Le digo «ya te avisé que eras un poco rarito«

Mi hijo es especial. Es sensible. Es espontáneo. Es disperso. Es creativo. Es un líder nato. Los demás niños y niñas le siguen, pero él siempre necesita su espacio. Le encanta el contacto físico. Tiene mucha mucha mucha energía interior que necesita expresar y darle salida.

ME JODE SOBERANAMENTE QUE 4 DESGRACIADOS RETROGRADAS, SUS HIJOS Y EL PENSAMIENTO MACHISTOA ENDOCÉNTRICO LE PUEDA HACER SENTIR MAL O PUEDA HACER QUE NO SE EXPRESE O SE DESARROLLE COMO ÉL QUIERE.

Me encanta como es mi hijo, no podría ser más perfecto. Me encanta como es y quiero que llegue a ser lo que él quiera ser, sin que lo que los demás le digan le afecte.

 

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