Palabra de Pau

Padre de dos. Bloguero. Podcastero. Tuitero.

La culpa es de los padres #PalabraDePau

Ser el padre perfecto es imposible.

La culpa es de los padres por no llegar a todo y no ser los padres perfectos. Quiérelos infito. Dales teta. Portea. Dales todo lo que necesiten pero a la vez ponles límites. No les grites. Concilia. Ganar dinero. Ten una carrera profesional. Ama a Montessori sobre todas las cosas. Ves a las reuniones de padres, a las fiestas de cumple de su clase, a las puertas abiertas, a la exhibición de música y a buscarlo los viernes.

La culpa es de los padres porque es imposible llegar a todo. Porque las paternidades de cartón piedra son una puta fachada: por mucho que intentemos fingir que nuestros hijos no comen chuches, que no les ponemos dibujos para cenar y que nos encanta el colecho, todos sabemos que si realmente haces todo lo que enseñas en tu maldito instagram estás criando a futuros psicópatas.

La culpa es de los padres por transmitir nuestras frustraciones a nuestros hijos. Por meterles en una burbuja. Por sobreprotegerles. Por no dejar que sufran. Por corretear a su alrededor en el parque (Papá Helicóptero) para estar ahí si caen. Por forzarles a compartir, a pedir perdón y a besar a la abuela. Por leer mucho sobre crianza y paternidad e intentar hacerlo todo. O por no leer nada de nada y fiarlo todo a nuestro (inexistente) instinto innato y a los consejos de la suegra. Por renunciar a nuestra carrera profesional para dedicarles tiempo o por tener una carrera profesional para comprar lo que necesitan.

La culpa es de los padres, de eso no hay duda.

Pero ahora que lo pienso… si la culpa de como son mis hijos es mía… ¿la culpa de como soy yo es de mis padres no?  Nuestros padres nos han hecho como somos. Hemos tenido regalos en navidad y reyes, colegios privados, bambas de marca, videoconsolas y bicicletas. Nos empujaron a tener estudios, a esforzarnos, a sacarnos una carrera para ser alguien en la vida. Nos lo dieron todo renunciando ellos a tenerlo, y eso nos forjó para ser hoy los adultos que somos.

Pero aún y así, somos adultos con traumas, con frustraciones, con TOCs. Nos cuesta decir lo que pensamos y sentimos. Nos han hecho saber que somos la primera generación que lo hemos tenido todo. Por culpa de los padres somos niños en un cuerpo de adultos. Nos siguen gustando los videojuegos, los comics y las pelis de tiros. Oigo constantemente a adultos quejarse de que sus padres les han hecho como son. De que sus frustraciones y sus limitaciones son porque sus padres no les enseñaron a comunicarse o no les apuntaron a clase de danza.

Somos adultos incapaces en el plano emocional, relacional, social… nos cuesta expresar lo que sentimos, nos encerramos en nuestro egoísmos y en nuestras frustraciones. Nuestra incapacidad de mantener una relación sentimental. Resignarnos a trabajar en algo que no nos gusta por miedo a salir de nuestra zona de confort. Y la verdad, es muy cómodo saber que todo es culpa de los padres.

Pero tengo una mala noticia…

“La culpa es de los padres” es una excusa barata.

Deja ya de culpar a tus padres de todo lo malo si tienes ya edad de beber, carnet de conducir o pelos en los sobacos. Has tenido ya tiempo de sobra para cerrar heridas, ver que hay que no funcione bien y arreglarlo. Has podido ir al psiquiatra, al psicólogo, emborracharte, tener sexo, tener twitter, trollear…. Has podido ver que hay en tí que no funcione bien y arreglarlo. Utilizar a tus padres como excusa ya no vale, y la verdad, es hasta patético a veces. Superalo. Cómprate una taza de Mr Wonderfull de esas de “Eres el dueño de tu futuro” y créetelo.

Al igual que tú haces o harás, tus padres lo hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían en ese momento, así que deja de culparles. Sólo tú eres responsable de lo que te pase a partir de ahora, de la misma manera que tus hijos serán dueños de su destino cuando sean mayores.

Dejad de culpar a las mujeres por no tener hijos #PalabradePau

Dejad de culpar a las mujeres.

Dejad de culpar a las mujeres por no tener hijos. En serio. Parad. Clic para tuitear

Dejad de culpar las por tener menos de 2,1 niños por mujer (la tasa de natalidad que aseguraría el reemplazo). Dejad de culpar las por ser madres cada vez más tarde (la mitad tenéis el primer hijo después de los 30 años… ya os vale). Dejad de culpar incluso a las que se atreven a ser madres por primera vez después de los 40 años.

Dejas de culpar a las mujeres que deciden no ser madres porque no sienten esa “llamada de la naturaleza” o no caen bajo la presión social que las empuja a ser mujeres de provecho. Dejad las en paz; dejad las ser libres, disfrutar de la vida que han elegido tener.

Dejad de responsabilizar las por las consecuencias económicas de esta baja natalidad. Os preocupa el impacto que tiene en la economía, y lo entiendo. Una baja tasa de natalidad implica que la carga de las pensiones cada vez es más alta respecto a lo que aportarán los nuevos trabajadores (hay más viejos chupando del bote y menos jóvenes llenando lo). Culpamos a las mujeres de no poder pagar las pensiones de los mayores que históricamente han cuidado. ¿No veis la crueldad?. ¿No veis la paradoja? Estos mayores a los que se les recortan las pensiones y se les acusa de chupar del bote son los que lo han rellenado durante años con su trabajo… así que de facto ese bote es SU BOTE.

Dejad de responsabilizar las por las consecuencias sociales. Familias que no tienen hijos porque las mujeres trabajan y no pueden conciliar. Culpar a las mujeres por trabajar y entonces no poder tener los hijos que quieren es de una perversión digna de Maquiavelo. Porque la culpa es triple: culpables por querer trabajar, culpables por querer ser madres trabajadoras y culpables por no llegar a todo y renunciar a la maternidad (o a la bi-trimaternidad).

Pero si no es culpa de las mujeres… ¿de quien es la culpa? ¿Porque de alguien será culpa no? Os voy a dar una pista: hay otra parte a la que responsabilizar, a la que acusar, a la que pedir responsabilidad.

Culpa a los hombres.

Por haber gozado durante siglos de una posición de superioridad, en la que éramos los machos proveedores que nos encargábamos (solo) de llevar la comida a casa mientras las mujeres procreaban y cuidaban de todos: de los niños, de los mayores e incluso de nosotros mismos (y casi siempre sin cuidarse ellas mismas).

Por haber intentado frenar sus reclamaciones durante siglos. Por no reconocerles el derecho a voto, el derecho a tener un trabajo, el derecho a tener una cuenta corriente, el derecho a decidir sobre sus cuerpos.

Porque si hay que aumentar la natalidad la responsabilidad es de los hombres ( y no, no me refiero a lo de “hay que follar más porque menos no se puede”).

El hombre debe implicarse en los cuidados de todos, no sólo de ellos mismos. Debe responsabilizarse del cuidado de las criaturas, de los mayores, del hogar. Descargar de esta responsabilidad a la mujer para que la igualdad sea real. Es sólo responsabilidad, culpa y pecado de los hombres. Los hombres somos el problema y en nosotros debe estar la solución.

Y esta solución no es por o para las mujeres. Es por y para nuestro bien. Seguimos agazapados en el armario del machismo. Salir de él nos hará libres, nos hará mejores, nos hará felices. Nos permitirá sentir, expresar, comunicar. Querer.

Deberíamos estar agradecidos de que las mujeres sólo reclamen la igualdad… porque si quisieran podrían pedir venganza.

Deberíamos estar agradecidos de que las mujeres sólo reclamen la igualdad... porque si quisieran podrían pedir venganza. Clic para tuitear

Efecto Matilda en mi conciencia #PalabradePau

Yo soy ingeniero industrial. Cuando empecé la carrera sólo había dos chicas en una clase de 60 personas. Cuando acabé quizás ya eran el 20%.

Mi visión del feminismo va evoluciando, se va profundizando, va tomando profundidad. La parte más agradecida es hizar la bandera y ser capaz de ver machismo dónde antes no lo veía. La parte más desagradable, pero también la más útil para seguir profundizando, es revisitar mis fantasmas del pasado y ver que cosas hice que no debería haber hecho, o que comportamientos no veía entonces como machistas pero si lo eran. Hoy quiero centrarme en el ámbito estudiantil, y en las cosas que debería haber visto y hecho diferente.

Sólo recuerdo tener profesoras en Química. En todas las demás asignaturas sólo recuerdo profesores hombres. Esto le añadía casposidad a una carrera ya de por sí casposilla.

Recuerdo muchos comentarios del estilo “aprueba porque tiene las tetas grandes” o “a saber que habrá hecho para que le suban nota”. Menudos gilipollas los que los hacían o se reían de ellos… entre los que a veces me avergüenza recordarme.

Recuerdo ir en plan manada al bar de la universidad de Farmacia a (intentar) ligar.

Recuerdo comentarios estigmatizando a las chicas de clase con comentarios del estilo “vienen aquí a buscar marido porque son son tan feas que sino no lo encontrarán”. Como si la única misión de una mujer fuese casarse.

Recuerdo estigmatizar a las compañeras que sacaban mejores notas que los chicos; “esa empollona seguro que no folla” y comentarios en esa línea.

Recuerdo todo esto con vergüenza por no haberme dado cuenta antes.

Y lo recuerdo con más verguenza aún por tener a mi lado a mis dos hermanas haciendo carreras “para hombres”, sacando notas espectaculares. Siendo valientes. Siendo estigmatizadas por haber elegido esas carreras, por ser mujeres en mundos de hombres.

Y las admiro por haber seguido adelante a pesar de eso, y por ser hoy las mujeres que son.

Porque por suerte, el Efecto Matilda no pudo con ellas, igual que no pudo con muchas otras grandes mujeres.

Entrada enmarcada en el Carnaval de Blogs de Saludesfera

Superdotado #PalabradePau

Superdotado. Altas capacidades. TDA. Disperso. Se te dan bien las mates. Se te da mal la historia. Aprendes rápido. Te aburres en clase. Te dispersas. Te riñen. Sacas buenas notas sin estudiar. Sacas malas notas por no estudiar. Te acostumbras a improvisar, a saltar del avión en el último segundo. Te pones a prueba buscando los límites de las personas.

Eres malo en deportes, te ahogas, no coordinas, y por ello no eres de los más populares. Sigues siendo bueno en mates. Entiendes algunas cosas más rápido que los demás, y las que no entiendes tan rápido no te gustan así que no les prestas atención. Te acostumbras a las cosas fáciles, a no esforzarte. Si apruebas mates sin estudiar te sientes bien… pero tienes miedo a estudiar historia y suspender porque eso sería fracasar, así que mejor no estudiar. Eso sería fracasar.

Estudiar y suspender es fracasar Clic para tuitear

Entre tus amigos los deportes ya no son tan importantes. Ahora somos sociales: hablamos, bromeamos, nos reímos unos de otros. Ahí las cosas cambian, porque esto si que se te da bien. Llega la pubertad y es un buen momento para reposicionarse. Dejar de ser el marginado. Reírse de los que se reían de tí. Ver como te miran con otros ojos. Salir. Ligar.

Pero eso no te hace encajar. No encajas pero tampoco te importa. No esperas encontrar alguien cómo tú. No porque seas especial o diferente. Pero te gusta tener tu espacio, al igual que te gusta andar a ratos con la manada. Te sientes bien en grupo pero siendo tú. Por primera vez ves que los demás ven en tí lo que tu ya veías.

Llegas a la universidad. Nadie de controla. Apruebas. Avanzas. Pero por dentro no todo va bien. Le das vueltas a todo. Piensas demasiado. Lo evalúas y lo reevalúas todo. Piensas mal de todo el mundo, piensas que todo el mundo piensa mal. Te miras tanto los pies al andar que no tienes tiempo de mirar hacia adelante. No se puede estar siempre replanteandoselo todo. Necesitas apagar el cerebro. Necesitas algo que no te haga pensar, y no siempre ese algo es bueno. Haces cosas de las que te arrepientes. Haces daño a la gente que te quiere.

INTERVENCIÓN

Nada mejor que una intervención para cambiar de rumbo. Nada mejor que venga la gente que te quiere y te haga parar, pensar, reflexionar. Que te hagan ver que no estás por encima del bien y del mal. Que te pongan frente a un espejo para ver tus debilidades. Que veas que has tocado fondo, pero que estás a tiempo de sacar la cabeza.

Te reencaminas. Te esfuerzas. Te enfrentas al miedo al fracaso. Fracasar no es tan malo. Te arriesgas. Te sale bien, a veces. Pero es gratificante. Te centras en lo importante y dejas lo malo a un lado, aunque siempre te perseguirá.

Ser superdotado es ser bueno en mates. Ser superdotado no es un regalo. No mola tanto como te piensas. No tienes una vida más fácil. Porque ser superdotado no es ser Superman, que es bueno en todo. Ser superdotado es que tienes mucha facilidad y velocidad en alguna cosa (en mi caso, la inteligencia lógico-matemática) pero esto te puede frenar en todas las demás. Tenerlo fácil en una faceta de tu vida hace que no te esfuerzes en desarrollar las demás. Siempre tienes una escapatoria, un salvavidas, un as en la manga.

Como niño, no entiendes porque unas cosas se te dan tan bien y otras no. Como adolescente te aprovechas de las facilidades que tienes, pero no te van a servir siempre. Como adulto debes ser capaz de asumir todo lo que te ha pasado hasta llegar dónde estás. Como hijo te das cuenta de lo que hicieron tus padres por tí. De que todo lo que hicieron era por tu bien.

Y como padre te preguntas: ¿Sabré hacerlo yo bien con mis hijos?

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#DejameQueTeCuente – 8M El día de los malos hombres

El día de la mujer.
El día de la mujer trabajadora.
El día del feminismo.
El día de las mujeres liberadas.

Tenemos que cambiarle el nombre a ese día. Debería ser algo tipo “El día de los malos hombres” o “El día para ser mejor hombre”. Siento centrarlo todo en el hombre. No pretendo quitarles a las mujeres el único día que tienen para reivindicar sus derechos, ni mucho menos. Pero es que los hombres somos el problema y debemos ser la solución. Como hombres, debemos solucionar los problemas que hemos creado y que ahora no tienen freno:

VIOLENCIA

La violencia machista debería ser el primero de los problemas a solucionar. Seamos conscientes: esta violencia nunca desaparecerá. Como las demás violencias, el ser humano la tiene tan metida dentro que es imposible que desapareza. Pero tenemos que ser capaces de acotarla, de minimizarla, de llevarla a su mínima expresión. Hay que cortarla de raíz: no justificar comportamientos de control, de celos, de imposición, de fingida superioridad. No ver como normal que tu amigo controle el móvil de su novia. No ver normal que de noche tus amigos intenten emborrachar a una chica para que sea más fácil. No reir ante bromas machistas de mal gusto. Irte de los grupo de whatsapp de tíos que compartan pornografía. Sé un hombre.

Sé un hombre Clic para tuitear

DIFERENCIA LABORAL

Empleos iguales deben tener sueldos iguales. Y cargos iguales deben tener responsabilidades iguales. En tu trabajo, en tu día a día, no te pienses más listo que tus compañeras porque probablemente no lo seas. No hagas bromas sexistas. No asumas que una mujer está ahí por haberse acostado con alguien. No permitas que las bajas de maternidad les limiten las oportunidades de desarrollo. No te aproveches.

CUIDAR

Debemos cuidar más. Debemos cuidar mejor. Debemos cuidar a los demás. A nuestros padres. A nuestros hijos. A nuestras parejas. Dejemos de mirarnos al ombligo. Nuestra vida no es tan importante. Nada de tiempo de calidad con los hijos. Nada de “en este país conciliar es imposible“. Nada de “le pago a alguien para que los cuide porque lo hará mejor que yo”. Nada de “las mujeres llevan lo de cuidar en la sangre”. Son excusas mediocres de personas mediocres. Involucrate. Cuida. Ama. Verás lo bien que sienta.

Esto es lo que deberías haber hecho el 8 de Marzo, y desde el 8 de Marzo. El 19 de Marzo era un buen día, pero era sólo para hombres de verdad.

¿No lo hiciste? Estás de suerte, porque nunca es tarde para empezar.

Tengo un podcast y debes escucharlo

Tengo un podcast… puedes escucharlo aquí:

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